
Pollo pato pavo pollo pollo pavo pato pato... Uf. Resulta que hará ya un año (snif, sob sob T.T) mis padres me obligaron a viajar con mis queridísimos compañeros de clase a Daroca, pueblo que odiaba, odio y odiaré eternamente en lo más profundo de mi ser y alma.
Para que nos empezáramos a asustar, nos distribuyeron como les dio la gana en las mesas del comedor, nos dieron un pegajoso proyecto de comida y nos sacaron al pueblo a dar vueltas en una especie de juego de pistas (sí, también nos agruparon como quisieron, y también es mala leche que en mi grupo no hubiera ninguna amiga mía -pero sí amigos :)-. Por cierto, mi equipillo ganó jaja). Por la noche, tras volver a ingerir esa plastosidad insípida e hipercalórica, nos hicieron jugar al juego de Dar-Oca.
Si nada más oír el nombre del juego ya se te ha erizado el vello de los brazos, ahora se te van a encrespar los de la cabeza, porque me hicieron jugar. O mejor dicho, intentaron hacerme jugar.
Nos agrupamos por los grupos de las mesas en el comedor una vez despejado. Colocaron un tablero de 2.50 m · 2.50 m en el cual se representaba la tira coloreada seccionada en casillas propia del AUTÉNTICO juego de la Oca. Bueno, coloreada con pintura, claro está, a lo cutre. Las fichas eran como cachos circulares mal cortados de pseudo-cartón-piedra.
Mi mesa perdió el turno un par de veces, para alegría mía, ya que me estaba temiendo lo peor, porque viendo las paridas que la panda estaba regalando al público yo empezaba a temblar. Nos tocó el turno. Eso no era nada. Mover una pierna como un autómata no era ni remotamente humillante a lo que pretendían que yo hiciese. Sí. Eran NÚMEROS CON EL CULO SUBIDO ENCIMA DE UNA SILLA. Explico: uno sube a la silla, se pone de espaldas e intenta dibujar en el aire con el culo el número que la pija imbécil le decía. Cuando me tocó el turno, me negué. Me dijeron que yo había querido venir. Le fui a decir Y UN CUERNO! a la z***a de la monitora, pero preferí callarme, porque los exámenes me venían de frente y el profesor lo presenciaba todo. Empecé a llorar presionada por la Maicas xD
Pues eso. La GRAN ventaja fue que ya no tuve que participar en la parte cerda del juego: dar de comer galletas tipo desayuno con mermelada y/o nocilla a un compañero con los ojos vendados mientras te fotografía una tía/tío. Lo de tía/tío es porque la chavala parecía un camionero...
Y me alegré más aún si cabe cuando vi que yo era la única que no tenía que coger la mano del compañero de delante, mientras éste la tiene entre las piernas y uno tiene que meter la que le queda libre entre las suyas y pasárselas al tipo de detrás, formando una cadena de gente, a la vez que se entona el grito de guerra "QUE VIENEN LOS PATIIIIIITOS, CUAAAAA! QUE VIENEN LOS PATIIIIIITOS, CUAAAAA!". Luego fue la vaca (muuu), luego el cangrejo (andar hacia atrás), la ovejita (beeeh) y toooodos los animales que Noé metió en el arca.
Saludos Seudonimeros.



